La muerte de Dios y el siglo XX

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La muerte de Dios y el siglo XX

El siglo XIX trajo la muerte de Dios a la cultura occidental y el siglo XX trajo la muerte de la verdad y la moralidad nuevamente a la cultura occidental pagando un precio irreversible, quedando así en la historia como el siglo más oscuro, y sangriento de la humanidad.

Friedrich Nietzsche (1844-1900) proclamó que "Dios está muerto" {1}. Con esto quiso decir que la visión cristiana del mundo ya no era la influencia dominante en el pensamiento de la cultura occidental. Nietzsche razonó que la humanidad una vez había creado a Dios a través de una ilusión, pero el hombre del siglo XIX maduró intelectualmente hasta el punto en que rechazó la existencia de Dios. {2}.

Los intelectuales de todo el mundo estaban adoptando el ateísmo como su visión del mundo, y las ideas de estos intelectuales estaban comenzando a influir en la gente común en toda la civilización occidental. Según Nietzsche, los avances científicos y tecnológicos habían hecho insostenible la creencia en Dios. Pero Nietzsche vio una contradicción en el pensamiento de estos intelectuales. Aunque estuvo de acuerdo con su ateísmo, rechazó su aceptación de los valores morales tradicionales. Nietzsche argumentó que, dado que si Dios está muerto, los valores tradicionales han muerto con él. {3}. Si el Dios de la Biblia no existe, razonó Nietzsche, entonces los valores morales que se enseñan en la Biblia no deberían tener control sobre la humanidad.

Sin embargo, el propio Nietzsche conocía al gran riesgo de esto, como lo expresó en su obra El crepúsculo de los ídolos: "Cuando uno renuncia a la fe cristiana, uno saca el derecho a la moral cristiana de debajo de los pies. Esta moralidad no es de ninguna manera evidente por sí misma ... El cristianismo es un sistema, una visión completa de las cosas pensadas juntas. Al romper un concepto principal, la fe en Dios, uno rompe el todo". {4} Por ello nunca cesó en buscar alguna forma de remplazar el cristianismo, formulando tesis como el "Übermensch" que eran muy contradictorios a los enunciados que él hacía sobre los riesgos de eliminar el cristianismo en sus otras obras.

Él sabía que la muerte filosófica de Dios podría sacar lo peor de la naturaleza humana, y así fue. No se habría sorprendido por todos los acontecimientos que plagaron a Europa en el siglo XX. El comunismo, el nazismo, el nacionalismo y las otras ideologías que se abrieron paso a través del continente tras la Primera Guerra Mundial que intentaron proporcionarle al hombre significado y valor, como trabajador, como ario, u otro acto mayor; de manera similar a cómo el cristianismo lo había hecho.

Muchos ateos con lo sucedido en el pasado saben que declarar la muerte filosófica de Dios, a priori sin una estructura filosófica adicional que proporcione significado, puede ser catastrófico, hasta llegar a tal punto que muchos académicos ateos hoy en día no se oponen al cristianismo porque reconocen la proporción de valores, y sentido que nos facilita.

Es casi una utopía concebir un sistema moral sin la necesidad de Dios, porque absolutamente todo cae en un vasto relativismo cuando de valor, y sentido se trata. La muerte de Dios solo evoca de nuevo una lucha, y competencias de ideales "morales" como una vez lo hubo en el siglo XX, dado que si el naturalismo es todo lo que tenemos, el hombre no es más que naturaleza, en efecto no tendríamos un marco moral objetivo al que mirar. Esto evoca a lo que dijo una vez un reconocido escritor Ruso:
Si Dios no existe, todo está permitido. —Fiódor Dostoyevski
Fuente bibliográficas:
  • {1} Friedrich Nietzsche, The Portable Nietzsche, ed. Walter Kaufman (Nueva York: Penguin Books, 1968), 124, 447.
  • {2} Ibid., 143, 198.
  • {3} Norman L. Geisler y Paul D. Feinberg, Introducción a la Filosofía (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), 408 .
  • {4} Walter Kaufmann and R.J. Hollingdale; Twilight of the Idols, Expeditions of an Untimely Man, sect. 5